Música para leer

martes, 12 de marzo de 2013

Mal llamado amor.


Parecía una historia de amor, o eso creía ella. El amor es mucho más de lo que parece ser y no llega hasta que tiene que llegar. Ni antes ni después, aparece cuando menos te lo esperas de quien menos te imaginabas. Ella no esperó, puede que ni siquiera lo pensara. Muchas veces nos asomamos demasiado al precipicio y terminamos cayendo.
Eso que mal llaman amores pasan y se quedan en el olvido. No perduran, simplemente se quedan ahí, atrás.
Las antiguas poesías y los dramas que llevaban el amor hasta la muerte ahora son tema de risa. Los mensajes en una botella, las cartas con perfume a rosas no tienen nada de especial. Tomar té en el porche disfrutando de un cálido atardecer es perder el tiempo, y el tiempo que en el amor deseaba traspasar la muerte ya no dura un año. Único dicen que es ese sentimiento sin razón que con razón enamora. Enamora el amor a no muchas personas, porque muchas evitan que en el camino se les cruce. Era un tesoro, ahora por lo visto una reliquia que evita llegar al altar. Ese lugar donde el príncipe apuesto, espera a su princesa que atraviesa un gran pasillo vestida del color de la pureza. Y cuando están juntos se prometen amor eterno. Antes se soñaba con ello, ahora ni si quiera se divisa en los planes.
El amor no se encuentra buscando, el amor aparece. Aparece para cambiarte la vida, para darte un giro inesperado. El amor verdadero traspasa cualquier barrera, lucha y es valiente. Es más fuerte que los errores y sobrepasa los malos días. Si uno cae el otro le ayuda a levantarse, aprenden juntos y crecen juntos.
Parece que van de una flor en otra, esperando que alguna florezca, pero no se dan cuenta de que su color se apaga. Atraviesan el campo sin pararse a mirar lo que el camino les depara. Otros están ahí quietos disfrutando de la lluvia que cae del cielo porque saben que las grandes cosas se hacen de esperar.

jueves, 7 de marzo de 2013

Trastoque inesperado


Todo empezó en un mes de verano. Me enamoré de quien en teoría no debería enamorarme. Me enamoré de una mente mayor, de un pensamiento más desarrollado. Me enamoré de quien menos imaginaba enamorarme, me enamoró sin darse cuenta de que enamoraba. Se enamoró de quien nunca pensaba enamorarse, le enamoré sin saber que podía enamorar.

Nos enamoramos sin darnos casi cuenta mientras pasaban las estaciones.
Su sentido del humor, su manera de correr. Su risa, su extrovertida personalidad. Sus talentos y su música, su inteligencia y opinión. Su mentalidad y sensibilidad, su compasión y alegría. Su sencillez me cautivó y su corazón me dejó sin habla.

No encontraba la razón del porqué él  y porqué ahora, pero la vida nos sorprende continuamente y nos trastoca inesperadamente de un segundo para otro. De repente se hizo imprescindible en mi vida, se convirtió en una parte de mi corazón que dejaría de latir si desaparecía.
Aprendí a amarle sin darme cuenta, a luchar por un nosotros. Atravesé esas barreras que parecían de piedra como si fueran de tela. Por él me enfrenté a la amistad y a la verdad con fuerzas. Porque lo que parecía imposible es posible, y lo que tiene que ser será, impedirlo es en vano.

Yo me enamoré de su personalidad y compasión. Estoy enamorada de su olor y sus abrazos. Me enamoraré de sus arrugas y sus canas. Le cuidaré y le acunaré y haré de su dolor el mío. Si él llora yo lloro y si el canta yo canto. Un nosotros no lo tiene cualquiera y ahora que sé lo que es su amor prefiero cien años de soledad que vivirlos sin tenerlo, sin tenerle.

El amor es sufrido, el amor todo cree, el amor todo espera. El amor verdadero es amor para siempre.

martes, 5 de marzo de 2013

Nosotras.


Es un tiempo lejano en mi mente aquel pasado. Jugábamos a ser leones que rugían, magos que eran los más inteligentes con las matemáticas y que salían de clase para cumplir grandes misiones. Jugábamos a ser médicos y maestras, cantantes y representábamos los cuentos de fantasía arrastrándonos por el suelo. Cuando la tarde empezaba a caer salíamos al porche y me leías Mary Poppins mientras yo zampaba paquetes enteros de galletas María
.
Por la mañana íbamos al colegio en el maletero de la furgoneta con la que trabajaba mi padre. Nos encantaba porque el mal asfalto de la carretera nos hacía movernos de un lado para el otro como si montáramos en una atracción. Luego tu padre nos recogía y volvíamos a casa juntas.   Y esas eran nuestras tardes y nuestros días de verano. Pasarlas haciendo lo que se nos ocurriera pero juntas.
Pasaron los años y tú te hiciste mayor. Empezaste a entrar en esa etapa de innovación a la cual yo aún no había llegado. Ya no nos podíamos ver tanto, tenías que estudiar y yo asistir a mis clases de música. Años pasaron así.

Pero llegaron de nuevo. Nuestros caminos  volvieron a cruzarse para unirse por mucho tiempo. Cosas de la vida hicieron que estuviéramos más cerca que nunca, que nos viéramos siempre, que empezáramos a conocernos otra vez, que fuéramos inseparables. Durante todo ese tiempo nos cambiamos el corte de pelo, nos compramos ropa nueva, pasamos el invierno y el verano. Fuimos a la playa y nos abrazamos para entrar en calor los días de tormenta. Nos reímos a carcajadas y lloramos abrazadas.  Esos días de los que hablo perduran aún, hoy. Y son tan especiales… Somos la amistad perfecta, la que se complementa en todo, que es diferente de las demás. Somos la amistad que no habla de moda ni de esmalte de uñas porque prefiere saltar y correr por toda la casa haciendo locuras, y después terminar en el suelo sin poder respirar del ataque de risa. La amistad que no tiene vergüenza de nada en su intimidad, que ríe y llora cuando hace falta. La amistad que escucha y habla, que aconseja y da fuerzas. Que disfruta de cualquier momento por insignificante que parezca. Somos la amistad  que no tiene miedo a abrir su corazón en nada, que confía plenamente, que conoce en silencio. Somos la amistad  que se cuenta los más íntimos secretos, los que nunca nadie ha sabido ni sabrá. Somos la amistad que habla todo lo que tiene que hablar sin decir una sola palabra, con la mirada. Somos la que siempre piensa cosas extrañas de las cosas que parecen normales. Somos la amistad que se ríe de lo normal porque para nosotras lo normal es ser raras. Somos la amistad que se inventa historias lo más absurdas posibles y luego las dibuja para no olvidarlas. Somos la amistad que montaría una tienda de golosinas en vez  de cosmética. La amistad que se abraza y hace una guerra de almohadas inesperada. Somos esa amistad  que lleva la misma sangre.  Esa amistad que siente orgullo por su apellido y que en algún que otro momento recuerda historias de  ese pasado familiar, o se sonríe de los rasgos que nos unen.

Podría seguir escribiendo páginas y páginas, eso seguro. Pero no es lo que me proponía. Simplemente plasmar aquí eso que ronda por mi mente y se por tus palabras que en la tuya también. Somos sin duda una amistad especial y única, a la que no cambiaría por nada del mundo. Nosotras hacemos que sea especial, que todo sea lo que no parece ser. Nosotras hacemos que cada uno de esos momentos valga la pena vivirlos. Estamos ahí en lo mejor y en lo peor. Incluso en la salud y la enfermedad. Y repito que somos nosotras, ya sabemos nuestros nombres, las que creamos, borramos, pintamos y construimos nuestro “nosotras”.  Una palabra que le ha dado más vida que nunca a mis últimos años, que me ha hecho crecer y aprender. Que me ha hecho agradecer tu existencia, que me sintiera como nunca, con la persona más parecida a mí que podría haber existido. Mi mejor amiga. Y así seguimos pasando nuestros días,  haciendo lo que se nos ocurre pero juntas.

Lluvia.


Esa mañana al despertarme me tuve que abrigar más de lo normal. Me puse otra chaqueta encima y cerré la cremallera hasta que me tocara la garganta. En el baño el agua salía fría, lo que hizo que me costara el doble lavarme la cara. Cuando tuve que cambiar mi pijama pr la ropa que llevaría a clase, eso sí que fue un suplicio. Desayuné y me limpié los dientes. Entonces salí de casa, y mientras bajaba las escaleras me percaté de lo oscurecido que estaba todo. La carretera, los árboles, las rejas… Un olor a humedad invadía la calle. Sobre mis hombros las gotas del cielo salpicaban mi ropa con sus “buenos días”. Llovía. Llovía sobre el color verde de las plantas, llovía sobre el negro piche y las grises verjas. Llovía sobre el mustio color de las montañas, sobre el mar y la hierba. Llovía sobre mi cabeza acariciando las mejillas sonrojadas de un semblante mañanero.
Al entrar al instituto todos arrastraban los zapatos por el suelo para secarlos del camino. El ambiente era acogedor, al menos para mí. Tras la cristalera de la entrada se podía apreciar la neblina que cada vez cubría más el paisaje.
Bajo un cielo encapotado y lluvioso yo disfrutaba. Me aferraba a mi sudadera y me cubría con mi pelo. Mis uñas color negro se resaltaban en la fría piel blanca de mis manos.
La lluvia y el frío me producían satisfacción y tranquilidad. Ese día no tenía ganas de estudiar ni de hacer nada por obligación. Solo disfrutar de los detalles y el agua, del calor del algodón y la comida bien caliente. De escuchar el chapoteo de los niños al pisar un charco y de los dibujos que hacen las gotas de agua en mi ventana.
Simplemente apreciar ese día encapotado y lluvioso.

domingo, 17 de febrero de 2013

Arte


El arte me vuelve loca, como una cabra. Puedo imaginar tantas cosas con él que a veces creo estar en la locura por no imaginar lo que los demás imaginan. Puedo fijarme en detalles insignificantes para cualquiera, pero que para mí hablan. Me llaman y me dicen que ese momento es solo nuestro, que nadie más se está enterando, que estamos disfrutando de ese pequeño trozo de vida sin que los demás se den cuenta. Puedo encontrar toda la hermosura en  cosas que nadie ve hermosas. Puedo notar la sensación del lápiz trazando el papel, o cómo las teclas del piano golpean las cuerdas invisibles.  Disfrutar del color del barroco sentada en una silla escuchando su música. El arte me hace pensar más allá de lo que lleva una rosa, más allá de lo que contiene una caja de madera cubierta de polvo. Imaginar más allá de lo que veo, volar con lo que siento, sentir con lo que sueño. Puedo ver en las miradas mucho más que una mirada. Recuerdo los recuerdos como una gran historia con su orquesta al fondo. Y miro como cae el té de la tetera, sin hacer ruido acariciando la taza. Palpo la madera y huelo los libros para saber cuánta sabiduría llevan dentro. Observo la tinta que sale de la pluma al escribir, los sobres de las cartas. Intento averiguar lo que dicen los rostros de los andantes en la acera. Los lápices de colores afilados y manchados por el tiempo me son especiales. Los zapatos usados y estropeados me muestran el desgaste del camino. Las flores me hablan de la vida, los dulces me traen ternura. Los bloques sin color, así tal y como son abren un espacio a los sentimientos para expresarse tal y como son. La tela, esas llevan historia, y las puertas familias. El campo vuela con el viento, los árboles siempre están protegiéndome cuando el césped se alborota y no me deja escribir. Pinzas para tender la ropa que ya ni funcionan, de madera, rotas y descoloridas, son las más bonitas.
El arte se escucha, se huele, se palpa, se siente, se vive. El arte danza por las venas, mueve a las manos, conmueve al corazón. El arte hace sufrir y amar, hace sonreír y me da tranquilidad. El arte refleja el alma. Lo que el corazón grita lo pinta con colores, lo escribe con palabras, lo toca con el piano. El arte  recuerda, revive el pasado. Muestra la historia del corazón. Ambos hablamos y cantamos, pintamos y creamos. Soñamos y viajamos juntos. El arte está, el arte es arte. El arte es vida. La vida es arte. 

lunes, 14 de enero de 2013

El tiempo.


Las velas se fundían en la moqueta roja. Un antiguo teléfono  encima de la mesilla junto a una taza de café caliente. Pinceles en  un bote  marrón, viejas pinturas utilizadas, grandes obras en partitura desordenadas en el suelo. Un precioso violín rodeado de libros  y un anticuado reloj. El tiempo.
Y ahí estábamos nosotros, sentados en ese escenario decorado con curiosos detalles. Rodeados de velas mientras toda esa gente sentada nos observaba  con intriga.
Yo mientras tanto pensaba. Pensaba en sus rostros mientras escuchaban sobre la vida y el tiempo. La esperanza que nos lleva a vivir la vida aprovechando el tiempo. Unos lloraban, otros con la mirada perdida,  inmersos en los recovecos de su corazón. Otros  queriendo parecer fuertes permanecían inmóviles. Y otros contemplaban las palabras llevándolas a su pasado.
En aquel momento todos pudimos parar el tiempo. Tomar un momento y escuchar lo que el interior pide a gritos pero en silencio. Porque ¿qué es la vida? ¿Qué es mi vida? ¿Para qué  mi tiempo? ¿Para quién  mi corazón?  Materialismo vano y malgasto constante. Le decimos adiós a las personas  y nos introducimos en nuestro propio ego, sin salir, sin poder compartir para aprender.  Siempre preocupados por necedades  sin percibir el sonido de los que lloran. Aquí y siempre aquí. No existen culturas para nosotros, no existen más mundos que descubrir. No hay personas a mi lado a las que pueda escuchar.
Se ha perdido el valor de los valores. El amor, la confianza y el perdón de corazón. Ya no se disfruta el tiempo con los padres, ya no escuchamos la historia de los sabios abuelos. No atendemos a los consejos, nos olvidamos del respeto. No somos agradecidos con lo que tenemos y en cambio los que no tienen sí lo son.
¡Pero que no se pierdan más cosas! Estamos aquí para algo, y al final no haremos nada.
Vamos a pararnos otra vez y escuchemos a nuestro corazón, qué es lo que pide, qué es ese vacío que hay que llenar.  Pensemos en como será cuando seamos ya viejos y al mirar hacia atrás veamos que todo ha sido nada, que no hemos marcado este mundo con nuestras huellas, que no hemos aprovechado realmente el tiempo. Y nuestro tiempo empezó ya, ahora, ya está pasando. Así que, puede, quizás, solo quizás esa persona que está a nuestro lado necesite algo más de lo que pensamos. Quizás tu madre necesita algo más de ti, puede que ese niño de la esquina que no conoces de nada necesite un amigo. Sal adelante, sal y corre despacio, con precaución pero corre. Muchos dicen que la vida hay que vivirla como si fuera el último segundo, así que aprecia lo que tienes ahora porque puede que mañana ya no esté. Considera las necesidades de los demás, aprecia al que no te aprecia y ama, sobre todas las cosas ama. Porque el amor es el mayor de todos. Y amar a las personas es lo que realmente permanece para siempre. Y creedme, es mucho mejor dar que recibir.
Yo seguía allí sentada, esperando que toda esa gente diera el paso de cambiar, de transformar, de  vivir con esperanza.

miércoles, 9 de enero de 2013

Grandiosa naturaleza.



Es azul, es verde
es roja y amarilla
Es inmensa y tan pequeña
es fría y nos da calor
Alumbra y nos esconde
 en la oscuridad
Es hermosa, tan hermosa
como nunca nada lo fue tanto
 Es vida en abundancia
vida complejamente perfecta
Es un rincón en el paraje
para pensar y crear
Es observar maravillas
naravillarse con lo maravilloso
Son los cielos color celeste,
la tierra verde esperanza
Son los seres que vuelan
y cantan cada mañana
Son las aguas y su mundo inmerso 
 la fauna y sus colores vivos.
Son más palabras 
de las que mi mano jamás podría escribir
Pero el despertar del celo
Su amanecer son esas,
Las palabras que no hay.
Regalo hermoso, precioso sol.
Es ella, la madre tierra,
nuestra grandiosa naturaleza.