Música para leer

martes, 5 de marzo de 2013

Lluvia.


Esa mañana al despertarme me tuve que abrigar más de lo normal. Me puse otra chaqueta encima y cerré la cremallera hasta que me tocara la garganta. En el baño el agua salía fría, lo que hizo que me costara el doble lavarme la cara. Cuando tuve que cambiar mi pijama pr la ropa que llevaría a clase, eso sí que fue un suplicio. Desayuné y me limpié los dientes. Entonces salí de casa, y mientras bajaba las escaleras me percaté de lo oscurecido que estaba todo. La carretera, los árboles, las rejas… Un olor a humedad invadía la calle. Sobre mis hombros las gotas del cielo salpicaban mi ropa con sus “buenos días”. Llovía. Llovía sobre el color verde de las plantas, llovía sobre el negro piche y las grises verjas. Llovía sobre el mustio color de las montañas, sobre el mar y la hierba. Llovía sobre mi cabeza acariciando las mejillas sonrojadas de un semblante mañanero.
Al entrar al instituto todos arrastraban los zapatos por el suelo para secarlos del camino. El ambiente era acogedor, al menos para mí. Tras la cristalera de la entrada se podía apreciar la neblina que cada vez cubría más el paisaje.
Bajo un cielo encapotado y lluvioso yo disfrutaba. Me aferraba a mi sudadera y me cubría con mi pelo. Mis uñas color negro se resaltaban en la fría piel blanca de mis manos.
La lluvia y el frío me producían satisfacción y tranquilidad. Ese día no tenía ganas de estudiar ni de hacer nada por obligación. Solo disfrutar de los detalles y el agua, del calor del algodón y la comida bien caliente. De escuchar el chapoteo de los niños al pisar un charco y de los dibujos que hacen las gotas de agua en mi ventana.
Simplemente apreciar ese día encapotado y lluvioso.

domingo, 17 de febrero de 2013

Arte


El arte me vuelve loca, como una cabra. Puedo imaginar tantas cosas con él que a veces creo estar en la locura por no imaginar lo que los demás imaginan. Puedo fijarme en detalles insignificantes para cualquiera, pero que para mí hablan. Me llaman y me dicen que ese momento es solo nuestro, que nadie más se está enterando, que estamos disfrutando de ese pequeño trozo de vida sin que los demás se den cuenta. Puedo encontrar toda la hermosura en  cosas que nadie ve hermosas. Puedo notar la sensación del lápiz trazando el papel, o cómo las teclas del piano golpean las cuerdas invisibles.  Disfrutar del color del barroco sentada en una silla escuchando su música. El arte me hace pensar más allá de lo que lleva una rosa, más allá de lo que contiene una caja de madera cubierta de polvo. Imaginar más allá de lo que veo, volar con lo que siento, sentir con lo que sueño. Puedo ver en las miradas mucho más que una mirada. Recuerdo los recuerdos como una gran historia con su orquesta al fondo. Y miro como cae el té de la tetera, sin hacer ruido acariciando la taza. Palpo la madera y huelo los libros para saber cuánta sabiduría llevan dentro. Observo la tinta que sale de la pluma al escribir, los sobres de las cartas. Intento averiguar lo que dicen los rostros de los andantes en la acera. Los lápices de colores afilados y manchados por el tiempo me son especiales. Los zapatos usados y estropeados me muestran el desgaste del camino. Las flores me hablan de la vida, los dulces me traen ternura. Los bloques sin color, así tal y como son abren un espacio a los sentimientos para expresarse tal y como son. La tela, esas llevan historia, y las puertas familias. El campo vuela con el viento, los árboles siempre están protegiéndome cuando el césped se alborota y no me deja escribir. Pinzas para tender la ropa que ya ni funcionan, de madera, rotas y descoloridas, son las más bonitas.
El arte se escucha, se huele, se palpa, se siente, se vive. El arte danza por las venas, mueve a las manos, conmueve al corazón. El arte hace sufrir y amar, hace sonreír y me da tranquilidad. El arte refleja el alma. Lo que el corazón grita lo pinta con colores, lo escribe con palabras, lo toca con el piano. El arte  recuerda, revive el pasado. Muestra la historia del corazón. Ambos hablamos y cantamos, pintamos y creamos. Soñamos y viajamos juntos. El arte está, el arte es arte. El arte es vida. La vida es arte. 

lunes, 14 de enero de 2013

El tiempo.


Las velas se fundían en la moqueta roja. Un antiguo teléfono  encima de la mesilla junto a una taza de café caliente. Pinceles en  un bote  marrón, viejas pinturas utilizadas, grandes obras en partitura desordenadas en el suelo. Un precioso violín rodeado de libros  y un anticuado reloj. El tiempo.
Y ahí estábamos nosotros, sentados en ese escenario decorado con curiosos detalles. Rodeados de velas mientras toda esa gente sentada nos observaba  con intriga.
Yo mientras tanto pensaba. Pensaba en sus rostros mientras escuchaban sobre la vida y el tiempo. La esperanza que nos lleva a vivir la vida aprovechando el tiempo. Unos lloraban, otros con la mirada perdida,  inmersos en los recovecos de su corazón. Otros  queriendo parecer fuertes permanecían inmóviles. Y otros contemplaban las palabras llevándolas a su pasado.
En aquel momento todos pudimos parar el tiempo. Tomar un momento y escuchar lo que el interior pide a gritos pero en silencio. Porque ¿qué es la vida? ¿Qué es mi vida? ¿Para qué  mi tiempo? ¿Para quién  mi corazón?  Materialismo vano y malgasto constante. Le decimos adiós a las personas  y nos introducimos en nuestro propio ego, sin salir, sin poder compartir para aprender.  Siempre preocupados por necedades  sin percibir el sonido de los que lloran. Aquí y siempre aquí. No existen culturas para nosotros, no existen más mundos que descubrir. No hay personas a mi lado a las que pueda escuchar.
Se ha perdido el valor de los valores. El amor, la confianza y el perdón de corazón. Ya no se disfruta el tiempo con los padres, ya no escuchamos la historia de los sabios abuelos. No atendemos a los consejos, nos olvidamos del respeto. No somos agradecidos con lo que tenemos y en cambio los que no tienen sí lo son.
¡Pero que no se pierdan más cosas! Estamos aquí para algo, y al final no haremos nada.
Vamos a pararnos otra vez y escuchemos a nuestro corazón, qué es lo que pide, qué es ese vacío que hay que llenar.  Pensemos en como será cuando seamos ya viejos y al mirar hacia atrás veamos que todo ha sido nada, que no hemos marcado este mundo con nuestras huellas, que no hemos aprovechado realmente el tiempo. Y nuestro tiempo empezó ya, ahora, ya está pasando. Así que, puede, quizás, solo quizás esa persona que está a nuestro lado necesite algo más de lo que pensamos. Quizás tu madre necesita algo más de ti, puede que ese niño de la esquina que no conoces de nada necesite un amigo. Sal adelante, sal y corre despacio, con precaución pero corre. Muchos dicen que la vida hay que vivirla como si fuera el último segundo, así que aprecia lo que tienes ahora porque puede que mañana ya no esté. Considera las necesidades de los demás, aprecia al que no te aprecia y ama, sobre todas las cosas ama. Porque el amor es el mayor de todos. Y amar a las personas es lo que realmente permanece para siempre. Y creedme, es mucho mejor dar que recibir.
Yo seguía allí sentada, esperando que toda esa gente diera el paso de cambiar, de transformar, de  vivir con esperanza.

miércoles, 9 de enero de 2013

Grandiosa naturaleza.



Es azul, es verde
es roja y amarilla
Es inmensa y tan pequeña
es fría y nos da calor
Alumbra y nos esconde
 en la oscuridad
Es hermosa, tan hermosa
como nunca nada lo fue tanto
 Es vida en abundancia
vida complejamente perfecta
Es un rincón en el paraje
para pensar y crear
Es observar maravillas
naravillarse con lo maravilloso
Son los cielos color celeste,
la tierra verde esperanza
Son los seres que vuelan
y cantan cada mañana
Son las aguas y su mundo inmerso 
 la fauna y sus colores vivos.
Son más palabras 
de las que mi mano jamás podría escribir
Pero el despertar del celo
Su amanecer son esas,
Las palabras que no hay.
Regalo hermoso, precioso sol.
Es ella, la madre tierra,
nuestra grandiosa naturaleza.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Recapitulando.


La plaza estaba llena de gente. Aún se podía ver el azul del cielo, y la claridad del sol a lo lejos. Corría un fuerte y frío viento que me helaba los huesos. Llevaba ropa negra de pies a cabeza como en cada concierto. Si no fuera por el escenario y mi instrumento todos pensarían que me envolvía en luto.
Me acerqué a algunos otros compañeros para saludarles cuando de repente, pasó. Alguien tocó mi espalda solicitando mi atención. Mi mente no llegó a ninguna suposición antes de que me volviese y la viera. Por una milésima de segundo en el mundo, se paró el tiempo. Yo no podía creer lo que veía, no podía digerir aquella imagen ante mis ojos. Un impulso en mi cuerpo me hizo reaccionar con algo que llevaba meses esperando. El abrazo fue único, grande, codicioso. Nos agarramos tan fuerte la una a la otra como lo habíamos hecho siempre. Volvieron momentos y lágrimas. La escuchaba sorber su propio llanto, gotas que hablaban cayendo sobre mi hombro igual que antaño. Caían y caían mientras nos estrechábamos con más fuerza. Todos observaban y se preguntaban en su mente por alguna razón, pero nosotras ni lo pensábamos. Fue como si una cámara diera vueltas a nuestro alrededor, porque ahora las protagonistas volvían a unirse de nuevo. Nosotras dos niñas, adolescentes y jóvenes. La tímida y la revoltosa. Toda nuestra historia vivía una vez más.
Recuerdo verla el primer mes de clase en nuestro instituto nuevo, saltando, haciendo tonterías y llamando la atención. Recuerdo cuando ocupábamos asiento en las gradas de la cancha para ver como los chicos que nos gustaban jugaban al fútbol. Cuando me contaba todos sus viajes o los libros que nos leíamos, o las matemáticas inentendibles las compartíamos.
Fotos, mil fotos que siempre estábamos dispuestas a hacernos. Peinados y nuevos estilos. Canciones y películas de amor que siempre nos anotábamos en la agenda para no olvidar descargarla. Y para qué hablar de la agenda, siempre totalmente decorada, con mil colores y cenefas distintas. Nos llevábamos los bolígrafos equivocados al tenernos siempre al lado, y la mesa terminaba llena de conversaciones a lápiz. Incluso las hojas sueltas que encontrábamos las aprovechábamos grabando frases interesantes o graciosas de los profesores. Recuerdo cuando estuviste ahí en primera fila con pancartas animándome para que ganara el concurso de talentos, cosa que logré. Recuerdo perfectamente mi miedo de atravesar el pasillo hacia clase en los días de mi cumpleaños porque sabía el brutal abrazo y rotura de tímpano que me esperaba, ya que te colgabas de mí con brazos y piernas.
Llevo escuchando tu nombre en la lista desde que tengo trece años. Cada curso en cada clase y cada hora. Tus apellidos, el alemán y el italiano, y tu nombre, especial porque se escribe con dos eses, lo que todos confundían siempre.
Sé todas las veces que reímos juntas hasta estallar y también los que lloramos por una cosa o la otra. Como ahora. Estamos aquí una vez más, aferradas la una a la otra, recapitulando. Y no quiero soltarte, no quiero soltarte porque tengo miedo al futuro, a no saber el momento en que volveré a verte, aunque puede ser pronto, sigue sin ser mañana. Pero por ahora seguimos aquí, disfrutando de una gran historia, la nuestra.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Estanterías sin respuesta


Es complicado cuando no sabes lo que quieres. Es complicado cuando tienes que elegir algo que  va a subsistir en tu futuro  y a lo que te tendrás que dedicar el resto de tu vida. Es complicado cuando hay demasiadas opciones o hay muy pocas.
 El verdadero problema está cuando sientes inclinación por varias cosas, y además una inclinación apasionada. No sabes si es ciencia o arte. No sabes si son las estrellas o los cuadros. No sabes si son las catedrales o los laboratorios. Los elementos químicos o las notas musicales. Literatura  o fórmulas. Pensamientos o leyes. No sabes si  es la investigación o la admiración. Reflexionas entre Einstein y Dalí. Entre la relatividad o la imaginación. Descubrir algo nuevo o  divagar por la antigüedad. Analizar o disfrutar.  Intriga o pasión. La mente o el corazón, o puede que ambos.
Sabes que esforzándote puedes conseguir lo que quieres, pero no sabes qué elegir.
Y aquí estoy yo, Intentando divisarme más allá, dentro de unos años, pero no consigo ver nada, solo una imagen borrosa que no transmite más que confusión.
 La pregunta es, ¿para cuál de ellas fui creada?
A veces siento que me engaño a mí misma. Es como si intentara escoger algo que no es para mí, que no está hecho para mí por mucho que intente convencerme.  Y tengo miedo de escoger mal, tengo miedo de no aprovechar lo que soy al cien por cien. Quiero ser una persona apasionada con lo que hago, algo que realmente me llene, algo que pueda utilizar y a la vez algo con lo que pueda ser utilizada.
Sé que me encantan los libros, me apasiona  que entre tanto papel y tinta se pueda esconder un mundo fantasioso, una historia de amor, o  la vida de alguna persona que nos dejó su legado. Pero también sé que me intriga el universo, me intriga que esté repleto de cuerpos celestes,  de vacío y  materia oscura.
Me encantan los sentimientos, me encanta que la historia, los monumentos y  los lienzos hoy en día aún nos transmitan algo. Me encanta lo impresionante y  grandiosa que es la naturaleza.
Siempre me han dicho que lo llevo dentro, que tengo talento, que siento y que me fijo en los detalles. Que al escribir engancho a la gente, los remuevo por dentro y les hago llegar a mi mundo.  Dicen que mi voz transmite algo, sensibilidad en las palabras, en el contenido de la melodía. Al tocar el piano me relajo y le desvelo mi dolor.  En los museos de arte siento  gran admiración. Las construcciones históricas me hacen viajar al pasado y pasear entre caballeros y tapices de oro. Puedo percibir el tintineo de las espadas, el roce de los vestidos de ceremonia en las escaleras de madera.  Cuando contemplo las esculturas de mármol siento curiosidad, y ellas me miran como si estuvieran vivas.
¿Puede que realmente me esté engañando? Puede que sea una artista y no me haya percatado de ello.  Puede que corra por mis venas la inspiración y la destreza que el arte conlleva y no haya notado con suficiente fuerza sus latidos. Quizás por eso siempre observo cada movimiento, las miradas y la lluvia. Callada, sin decir nada. Pensando, siempre pensando.
Escribo horas seguidas sin darme cuenta, revivo la música clásica y medito en cada  pintura.
Puede que no sea una cosa o la otra, ambas nos llevan a la fascinación en su esencia. Pero también ambas forman su mundo independiente, diferente.
Estoy confusa. Estoy confusa por saber  que aún no se si se algo. Mi mente divaga por estanterías sin respuesta. Necesito un libro pero no sé donde está, no sé dónde encontrarlo, ni en donde buscarlo. La biblioteca es muy grande  y no tiene ninguna señal que me guíe. Tengo que encontrar ese libro cuanto antes pero no hay manera, mi corazón empieza a latir más y más rápido, y no puedo contener mi propia respiración. El tiempo pasa sin darnos cuenta pero sigo buscándolo, deseando que el reloj de arena no llegue a su fin sin que yo  tenga la respuesta en mis manos. A lo lejos hay una luz, es la del sol que me llama a la tranquilidad, así que le sigo y me siento.
Tiempo después sigo aquí, en mi ventana, sola, con una taza de té caliente, un libro, la brisa del otoño y el cantar de los pájaros. Disfrutando de los colores del atardecer y del caminar de la gente.  Considerando el saber o no saber. 

lunes, 5 de noviembre de 2012


Es un gesto, una mirada. Es una sonrisa que reluce entre la gente. Son rostros que transmiten armonía familiar, abrazos que liberan a la dolorosa soledad. Las caricias y entrelaza las manos observando el mar. Besos los de la madre, comida la de la abuela. Los regalos del corazón y los talentos. Es bailar bajo la lluvia, cantar mirando al sol. El amanecer que amanece y amaneciendo amaneció para no repetirse más. Agua fresca, chocolate caliente. La melodía de los árboles, la percusión menor correteando por el bosque. La brisa fresca de la noche de verano. Sentarse en un banco al lado de la playa y escuchar lo que los grandes océanos te pueden llegar a decir. Leer Romeo y Julieta o escuchar a Beethoven. Palpar las teclas del elegante piano, y hacer de él tu propia historia. Escribir y plasmar sentimientos, momentos y recuerdos a la luz tenue de una vela. Admirar la singularidad de Dalí o la arquitectura de Gaudí, momento que te transmite algo que nunca te volverá a transmitir. Es una frase, o una palabra. Es todo eso que no se volverá a repetir.
 Porque son momentos únicos, sensaciones, vivencias, segundos sensacionales, inolvidables e indescriptibles. La vida está repleta de segundos que no sabemos apreciar. Apreciamos cosas despreciables, que al fin y al cabo, por apreciarlas, perdemos el juego. 
Pero ahí está la literatura, para que quienes están ocupados con esas cosas despreciables, tengan un momento y paren. Que paren para pensar en dos palabras: Carpe Diem. Entonces, empiezan de nuevo.