Música para leer

jueves, 7 de mayo de 2015

Deambulantes

Deambulan las calles, las esquinas, los semáforos. Se huelen, se escuchan. Llama el sonido de sus vasos de metal con una moneda por horas. Familias desamparadas que se esconden tras las chabolas invisibles de una gran ciudad. Poco abrigo para tanto frio, mucho tiempo para tanto calor. Pérdidas, desempleos, olvidos, emigrantes, muertos de hambre. Carteles, cartones sucios que transportan mensajes de desesperación, desesperanza y auxilio. El tumulto camina, corre, mirada de reojo es la distancia que comparte con ese que se sienta en el suelo. ¿Quién conoce la historia que se envuelve tras sus ojos? ¿Quién conoce la historia que se envuelve tras sus ojos? ¿Quién ha cosido alguna vez su ropa o ha limpiado sus manos? Sobrevivir, cualquier cosa es válida ante un público que solo necesita espectáculo para brindar limosna. No vale un mensaje, de eso está cansado.


Vivía en una caseta de campaña junto al resto de su familia, su madre había muerto borracha mientras entre hermanos se cuidaban unos a otros en un país lejano a este nuevo hogar. Nunca aprendieron, no sabía ni escribir. 



viernes, 30 de enero de 2015

Formalismos

Líneas, muros que no caen, colores que no se mueven ni se juntan entre sí. Frío, tradición y mundo cuadrado. Paredes inamovibles, hormigón y corazón de metal. Pinceladas secas de fragilidad, insensibles. Piedra y columnas, huída hacia lo conocido. Miedo al sentido y al llanto, miedo al gesto y al aspecto.
¿Quién despintará entonces estas paredes macizas? Me duele la vista por ver siempre lo mismo y el cansancio del que nadie se cansa. No entiendo el color que parece escuchar la música de este silencio. Todo es recto, todo es liso, no hay barro. Solo palabras, solo corbatas, solo pinza y desdén. ¡Quiero arrancar la pintura! ¡Estoy harta de este asqueroso olor que no huele a otra cosa que a iniquidad! No soporto otro canto, no soporto otro discurso de integridad. Se me oscurece la vista, se me desvanece el amor, necesito rasgar, la tengo que arrancar.

 Se ha quedado atrás la vida, el blanco, el lienzo solo está reutilizado.  Por favor, ven a mí, por favor vuelve aquí, quiero salir, quiero volver, quiero empezar. 

miércoles, 7 de enero de 2015

Efímero paso

Qué tiene el tiempo, que corre y va lento. Qué tiene que marca y hace marcas. Rompe, guarda, desecha, cose, calla. Qué tiene que trae nostalgia, que enciende el día, que duerme la noche. Qué tiene que da muerte y da vida, que hace heridas y sana. Qué tiene que mira y olvida, que recuerda y memora. Qué tiene el tiempo que cambia y nos cambia. Qué tiene el tiempo que pisa, descalzo. Qué tiene el tiempo con el mar que le hace rugir o callar. Qué tiene que miro y no para, que espero y no espera. Qué tiene el tiempo que arruga y silencia. 
Eso, silencia, silencio. Eso, guarda silencio mientras observa el efímero paso de nuestra afanosa vida. Polvo que no entiende. Obra maestra del sexto día. 
Quizá no alcanzo el entendimiento de principio a fin, pero aún suena en mi cabeza el minutero, aun buscan estos ojos la obra del maestro
.




viernes, 21 de noviembre de 2014

Hoy tengo voz

"27 millones de esclavos en el mundo. Se estima que 17000 mujeres se trafican al año en España. El 8% de las víctimas de la trata de personas son mujeres y niñas. La trata de personas se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo". Más de 500 detenidos por trata de personas en España en 214. Las víctimas son explotadas sexualmente, laboralmente o se comercia con sus órganos"

Hoy escribo a esta hora de este día, en este mes de este año… Escribo ahora, en este elocuente instante, inenarrable relato, este utópico sentimiento que se agarra por cada poro de mi piel.

Recuerdo el primer día, los primeros años y hasta el último servicio. Recuerdo cada noche que soñé encontrar una ventana abierta, una puerta sin cerradura. Aquella ropa, la sangre y el grito silencioso de mi garganta. Recuerdo sus rostros y sus brazos desgarradores. Recuerdo cada historia y cada cuento y cada mito bajo aquel techo. Pero a partir de hoy, se acabó.

Hoy es el día en el que las estrellas brillan, es el amanecer con color naranja que anuncia el calor del sol. Ha llegado el día en el que la luz atraviesa las ranuras de la madera, el día en el que la luz pinta mis ojos de blanco, borra lágrimas y alienta. Hoy es ese día, ese día cualquiera para el mundo y el principio de mi vida nueva. Hoy he dejado esa vieja habitación que encerraba mis días en cadenas y horas. He decidido escoger el riesgo y correr y correr hasta que solo pudiera ver el lejano esbozo de la esclavitud de mi persona. Llegué hasta tocar la línea del horizonte y entonces respiré hondo una y otra vez, hasta que cogí aire por última vez y suspiré. Había frente a mí un esplendor que provenía del cielo, un sonido sordo que sonaba como un bebé cuando llora por primera vez, sonaba a renacer.  Entonces decidí tirar de mis viejas ropas y vestirme de nuevo, decidí arrancar de mi cuerpo aquella tela picante e insoportable y llevar un vestido de  princesa.  Escribí en las piedras los sueños que nunca había soñado, luego los hice volar. Bailé, sola pero bailé libre, bailé por esa vida que aún vivía después de haber sido nadie durante el pesado pasado.  Bailé por la respiración que provenía del fondo de mi alma, bailé porque ahora podía bailar.  Y cuando alzo mi rostro a la lluvia fresca que las nubes esparcen, grito. Yo soy nueva y renovada, pero grito por todas ellas que siguen allí, son mis hermanas, les late el corazón al igual que a mí. Por todas las víctimas que no han podido encontrar la puerta sin cerradura. Grito para que escuche el mundo que estoy con ellas, que estuve ahí, que he salido y que podía no haberlo hecho por un porcentaje de probabilidad mucho mayor. Grito porque hoy tengo voz y ayer no tenía, grito porque a ellas le prohíben hacerlo. Grito por el sonido del cautiverio, por la violación y por los derechos humanos. Grito porque gritar es la única forma de no guardar silencio, porque el silencio mata segundo a segundo. No pienso parar de gritar por los códigos tatuados, por las mujeres traficadas, por las niñas engañadas, por mi gente sin nombre. No pienso parar de gritar ni hoy ni nunca.

Soy una niña con zapatos nuevos, se me ve en el andar.

Fui víctima de la trata, ahora soy libre.



jueves, 20 de noviembre de 2014

Cuerpo y Alma

“Se estima que cada hora 457 mujeres y niñas pasan a ser víctimas de trata. 800000 personas son traficadas en las fronteras internacionales cada año. El 99% de las víctimas nunca escapan. Las víctimas de trata son forzadas a dar servicio a 4 clientes al día, 14600 al año.”


Soy cuerpo y alma, respiro, aspiro. Soy carne, soy piel, músculo y hueso. Soy sangre, soy vista, soy pensamiento y razón. Soy tacto, saboreo. Soy oído y escucho, soy equilibrio y memoria. Soy corazón y pulmón, estómago y voz. Soy alegría y tristeza, soy nostalgia y tranquilidad. Soy añoranza y paciencia, soy búsqueda y preguntas. Soy y por si ser fuera sería tantas cosas... Soy yo una vez más, escribo y admiro el crepúsculo de hoy que si por ser fuera sería mi espera. Soy yo, esa joven con ojos de sueño. Soy la del número tatuado, la esclava, la chica de cristal. Vivo bajo un techo y bajo otro techo arriba que me vive a mi. El cielo, ese que siempre observa el paso de los años, que como leí una vez en un libro "generación va, generación viene, más la tierra siempre es la misma".

Soy cuerpo y alma, respiro. Soy humana, soy vida.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Esclava del tráfico

"El tráfico sexual y la esclavización de mujeres, entre ellas cientos de miles de niñas y de jóvenes, es el negocio ilícito más rentable del mundo, y tras él se acumulan torturas, secuestros o violaciones. El número de niñas y mujeres jóvenes obligadas a prostituirse supera el millón; "comprar" una esclava en África cuesta unos 630 dólares; un "servicio" sexual se puede obtener en algunos países por cuatro dólares; y la explotación de esclavas sexuales genera más de 35.000 millones de dólares anuales"


Este es el mundo en el que vivo, un lugar oscuro en el que tengo precio y si no me vendo, pierdo la partida. Fui secuestrada, luego violada y al tratar de escapar, también fui torturada. Tenía trece años cuando me obligaron a prostituirme, me llevaron lejos, muy lejos, donde nadie me conociera y fue entonces cuando dejé de recordar. Aunque no quería, tenía que hacerlo, aunque no sabía, tenía que hacerlo. Cambiaron mis ropas y mi nombre, desde entonces soy un código, un objeto de compra, un anuncio que se toca. Me convertí en una más de todas las que estábamos allí, esas a las que todos conocen pero que nadie parece haber  visto nunca. Mujeres, niñas y adolescentes que no hemos podido elegir  otro lugar en el que estar porque realmente nunca hemos podido elegir. Conozco las calles oscuras y también lo que se cuece tras cada puerta. Conozco los precios y cada código que designa quienes somos. Dejé de recordar desde aquel día lo que era la vida, lo que era la muerte, pues ya no sé quién soy  o qué soy, ni en qué me he convertido.  Una esclava del tráfico, una esclava de la mentira y la venta.  Y día tras día busco la salida hacia la libertad, porque aunque dejé de creer en ella, en el fondo la espero con deseo. Busco el momento en el que alguien me encuentre y decida atravesar esta puerta para salvarme. Quiero conocer la vida que conoce la gente ahí afuera, parece apetecible. Quiero que alguien pronuncie mi nombre y me mire a los ojos aunque sea por una sola vez. El mundo parece tranquilo, el sol sigue brillando cada día, pero he encontrado bajo él que no hay compasión, que nadie se acerca,  que todos se alejan.

Sigo aquí, porque aunque dejé de creer en ella, en el fondo la espero con deseo.


Historia de una joven traficada

martes, 18 de noviembre de 2014

Soy yo, un número tatuado

Yo era una chica corriente, vivía en un lugar corriente, en un país corriente, rodeada de gente corriente. No sé en qué momento me olvidé o dejé de pensar, o quizá me dormí. No sé cómo ni quien ni en qué hora ni en qué estación. Me fui o me sacaron, corrí o me persiguieron, escapé o me atraparon. No recuerdo el color de aquella calle, ni sus vecinos ni sus señales, no sé cuántos árboles habían o si habían, no sé nada acerca de sus farolas, no sé nada.
Soy yo, alguien que lleva un número tatuado en la muñeca. Vendo mi cuerpo y con él mi alma al mundo que me consume. Llevo el pelo incrustado, la ropa ceñida, la piel áspera, el rímel se me derrite.  Mi hogar es una habitación con cantidad de visitantes, tan solo yo.  No sé qué es el dolor, lo llevo dentro, no sé qué es la verdad, solo lo que vivo. Me duelen los labios de morder el dolor día y hora. Me duelen los ojos de aguantar la tormenta de mi corazón. Mi olor no me pertenece, mis uñas tampoco, ni si quiera mis malditas uñas me pertenecen.  Los moratones se ocultan bajo mi ropa, las cadenas no hacen ruido, pero pesan. No sé lo que es nada, solo se qué es lo que hago. Mi rutina, mi día, mis largas noches, los pesados inviernos. No hay descanso, no hay escapatoria, no hay grito ni llanto que hablen lo más mínimo en esta oscuridad. No hay miradas, solo hay lo que hay y lo que hay es lo que no puedes rechazar, es lo que no puedes dejar, al menos si quieres vivir, o mejor dicho, sobrevivir. No hay minuto que no caigan truenos, no hay segundo que no chille el sol. No puedo, no quiero. El viento ahoga el estruendo de ese escándalo, el viento me ahoga y el silencio me arranca la piel pedazo a pedazo. El silencio me hace temblar, el silencio me asfixia, el silencio hace demasiado ruido.

Cada día le pido al cielo que el sol chille más, y si no que las piedras hablen, porque yo no puedo, pero sigo esperando, porque quiero recordar qué había antes de aquella estación, qué había en aquella calle, quiero ver cómo era la luz de aquellas farolas, quiero saber qué es la verdad.

Fui traficada, y esa es mi vida.



Historia de una joven traficada

jueves, 9 de octubre de 2014

Dime mar

Mar, el reflejo del anochecer, la pintura de la luna, la transparencia de la vida, lágrimas de la literatura. Mundo sumergido, bautismo de la eternidad. Hay pureza en tu mirada, amanece contigo la mañana y el vuelo de las golondrinas. Y la noche y la luna y la oscuridad van contigo también y alumbran la tierra. ¿Qué eres mar? ¿Quién y de dónde? ¿Vives o das vida? ¿Realmente no tienes color? ¿Es la transparencia tu belleza? Conozco tu olor y tu tacto, y me pregunto si te complace acariciarnos. ¿Eres tú mar, el que nos despierta cada mañana? ¿Invocas al sol y lo despides con la luna? ¿Eres tú quien le da el color al cielo o el cielo envidia tu brillo? ¿Y ese blanco, de dónde proviene? ¿Te gusta pintar o prefieres cantar? Bajo el universo te ocultas, pero, ¿te escuchará el universo? él es silencioso y lejano. ¿Verán los astros tu majestad? ¿Se percatará la galaxia? Allí no se escucha tu arrullo. Pero dime mar, ¿acabas o empiezas? ¿Eres acaso infinito? Solo el horizonte te hace mayor, pero dime mar, ¿tú también tienes final?  ¿Qué eres ante mis ojos? No puedo verte en tu inmensidad ni llegar a tu profundidad. No conozco tus límites ni tus medidas mar, llévame hasta ellas. Pero dime mar, ¿Qué eres?


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Me duele

Me duele el mundo. Me da miedo el humo que recorre las calles, me dan escalofríos las habitaciones oscuras. Me da temor escuchar las palabras yendo y viniendo a diestro y siniestro. Se escuchan las risas sin orden, la piel va caliente, los ojos sedientos. Las luces no alumbran, ni guían ni se apagan si quiera. Me duele la vida, que corre y que vuela y que se hace desaparecer entre vocal  y bocado.  Los puentes muy altos, acantilados siniestros, agua que ahoga a todo el que busca no tragar más el aire. Me dan miedo las copas que nunca se rompen, la música alta que ayuda a guardar en silencio los pecados que cantan. Me dan miedo las niñas y sus faldas, sus sonrisas que a veces matan. Me dan miedo los niños, sus gargantas sedientas de probar y ganar. Me duele el silencio, me duele la farsa de seguir el camino que las flechas guían.  Me duele el escándalo, me duelen las madrugadas que duran el día. Me dan miedo los bailes que nunca se alejan. Me da miedo el abismo al que tantos eligen andar, me da miedo el polvo que hace desaparecer a quien un día existió. Me duele  el desaliento, me duele el pozo del que nadie consigue salir cuando alguien le invita a entrar. Me da miedo que mueran, que sean andantes  que buscan ascender para poder respirar sin temblar.  Me duele el mundo que tan rápido muere, me duele el mundo que se hace pequeño, me duele el mundo que olvida y que luego recuerda lo que era la vida. Vida, la claridad de poder caminar bajo el sol que nunca deja de alumbrar. La poesía que busca y rebusca la palabra perfecta para no simplificar. Esa luz que muestra, esa  tranquilidad que guía, ese cristal frágil que se guarda de no romper, esa música que todos escuchan porque no hay silencio que ocultar.
Me duele el mundo y en lo que se ha convertido, me duele la vida que es tan bella y que tanto oscurecemos. Me duele.


“Porque no nos ha dado Dios un espíritu de temor, si no de amor, y de templanza” (2 Timoteo 1:7).

jueves, 3 de julio de 2014

Dientes rotos

Y estaba pensando en como el mundo se destroza a si mismo cuando aquel niño sonrió. Entonces, en lugar de pensar, recordé. Me trasladé de nuevo al lugar de donde surgía esa sonrisa, y me di cuenta de que no habían barreras capaces de hacerle sombra, que no habían muros, ni minas, ni tampoco guerras, que solo estaban esos dientes sucios y esos ojos manchados de blanco. Recordé que yo ya había estado ahí, que era la sonrisa de verano, esa sonrisa que había visto ya en el desierto bajo el sol, que me había dejado cicatriz. Recordé su forma de caminar sobre la arena ardiente como si pisara papel celofán. Su forma de hacer que el mar no fuera usual, si no sensacional. Mover las manos y hablar a la vez haciendo arte, que el color de su piel pintara un lienzo, que las nubes hicieran mella cada día en el cielo de África cuando él alzaba la mirada. Por un momento olvidé todas las leyendas que son historias reales, todos los mitos que se han convertido en presente. Parar de pensar la lluvia y que lloviera sin más. No sabíamos lo que eran las balas y las balas se desintegraron en la arena, y la arena se volvió tibia y podíamos pasear sin sandalias hasta los blancos. No había dolor ni penumbra ni eso a lo que llaman olvido. Solo estaban y aparecían y brillaban esos dientes rotos por el agua, esas pupilas impregnadas de un cuento, del mar.
Y ahora, que de nuevo estaba pensando y a la vez recordando,ojalá su sonrisa fuera el mundo, ojalá el mundo conociera ese rasgo de su cara. Su nombre se grabó en mi corazón con tinta imborrable, pero también se quedó como el tacto de mis manos, con el que puedo sentir cada vez que palpo una esquina de esta gran explanada, derribando los pilares para ver el horizonte. Me quedé con la sensación de haber descubierto "el nuevo mundo", de haber visto el océano por primera vez, de haber tragado agua fresca tras una tormenta de arena. Entonces desperté, y ese niño seguía ahí, viviendo.
Foto: Desierto del Sáhara, Aaiún, Dchera, barrio 3. Casa de la familia Habub Dgil. Los niños son Abba, su hermana pequeña y Tutu, mi hermana pequeña.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Esperanza ruidosa

Es increíble la manera en la que podemos vivir con una paz interior indescriptible incluso ante cualquier situación complicada, dura o dolorosa. Nos acompaña una esperanza silenciosa pero ruidosa. Es increíble cómo puede llegar a disfrutar uno de leer para entender, de leer para conocer, de leer para descubrir, aprender y buscar. Es increíble cantar y trasladarte a otro lugar, puro, lleno de vida. Es increíble componer y querer buscar en los acordes la tónica que llegue al cielo. Pero para mí, lo que hace más increíble todo esto, y sobre todo, útil, es caminar. Caminar con todo ese material en la mente y el corazón, con las manos abiertas para acoger a otras. He aprendido con el paso del tiempo, el poco que he vivido, que caminar nos abre camino, que el camino se ilumina, que llegan las respuestas y que todo cobra sentido. He visto como las miradas rotas, llenas de oscuridad, se volvían cristalinas, volvían a la vida. He visto como una sonrisa aparecía tras años al sentir el brazo de alguien preocupándose por sus hombros solitarios. He podido vivir el cambio de una persona que de repente entiende que el sol no está ahí por azar, que toda nuestra historia se ha enlazado porque algo tenía que pasar. Lo he visto, lo he sentido, lo he entendido y lo he vivido. Mi tiempo se ha visto influenciado por ello, afectado y sujeto a historias, personas que sin yo saberlo, pedían ayuda tras sus rostros usuales, tras sus fingidas geniales relaciones familiares, tras sus escandalosas risas. Y cuando te acercas suficiente, se derrumban y te dan a ver su realidad, te hacen formar parte de las pequeñas moralejas que han vivido, de las soluciones que no han solucionado nada, de sus búsquedas inútiles de la verdad. Entonces te das cuenta de que no sabes qué decir, que todas esas palabras que habías aprendido y pensabas soltar de sopetón, no van a hacer efecto porque ya demasiada gente las ha hecho llegar a sus oídos. Te das cuenta de que están cansados de todas esas palabras, que están cansados de los ánimos de un día, que están cansados de promesas inmediatas y repentinas. Entonces, empiezas a caminar, empiezas a invertir tiempo y terminas invirtiendo amor, si es que eso se puede invertir. La vida que has vivido tiene ahora sentido, y todo lo que habías leído se llena de una vida incomparable. Puedes cantar las canciones reviviendo la imagen de toda esa gente, de las historias individuales. Y todo este tiempo, has sido tú el que ha estado aprendiendo a caminar, aprendiendo a amar, aprendiendo a no rendirte y a ser constante con lo que lees, cantas y dices. Ahora, mientras escribo sentada bajo una luz amarilla y calurosa, me viene a la mente una gran inspiración, grandiosa y llena de sencillez. Una inspiración pura, constante y perfecta, de esas que invierten no su tiempo, si no su vida en personas como yo, tan simples, tan imperfectas y torpes, tan insignificantes. Jesús, caminando entre la gente, como muchas veces tengo la oportunidad de verlo. Abriendo los ojos, abrazando y recogiendo del suelo a la gente. Ese Jesús, mi inspiración, mi búsqueda diaria, mi latir y pasión, mi sangre y aliento. Se que podría morir en cualquier momento si dejara de serlo, moriría para convertirme en alguien a quien no conozco, alguien solitaria e inmersa en sí misma. Ahora vuelvo al principio, y repito: es increíble la manera en la que podemos vivir con una paz interior indescriptible incluso ante cualquier situación complicada, dura o dolorosa. Nos acompaña una esperanza silenciosa pero ruidosa. Y aquí, modifico el texto: la esperanza que tenemos no puede ser silenciosa, se tiene que escuchar en cada esquina, se tiene que ver en cada gesto, se tiene que vivir en cada momento, en cada segundo de nuestras vidas. Esa esperanza, debe ser nuestra vida.

jueves, 30 de enero de 2014

20 años de matrimonio.













No se ni por donde empezar, si con todo o con nada, porque lo que me han dado no se puede ni divisar. 
Mi madre, ella es como el agua, pura, limpia, fresca, transpar
ente y refrescante. No hay nadie que no recuerde su sonrisa. Es la niña buena de la casa, humilde como nadie, con un amor inexplicable y una paciencia que roza los techos del cielo. Le encanta hablar sin parar y se ríe de cosas que nadie entiende, pero nos cuida, nos protege, nos limpia y nos da de comer siempre. Servicio es su segundo nombre, o al menos debería serlo. Parece que no se le ve mucho, pero ella sostiene las columnas para que podamos seguir construyendo. Siente y se emociona con cualquier cosa que toque su corazón, vive y revive con más fuerza que nadie cada palabra, cada acción, cada canción, cada pequeño detalle. Corre y juega y salta aun cuando nosotros ya no podemos. 
Mi padre, él es como un libro interminable, lleno de capítulos y de frases y de música y de recuerdos y de retos y de viajes. Es el filósofo de la casa, el silencioso que llora como mi madre cuando algo toca su corazón. Siempre canta y toca la guitarra, escucha música y se maravilla, mira al cielo y se maravilla, lee y se maravilla, viaja y se maravilla. Aprecia, es capaz de apreciar mucho más de lo que imaginamos. Es fuerte y seguro, la prudencia es su segundo nombre. Tiene el perfecto don de dirigir y nos ha dirigido siempre hacia el camino correcto. Él es divertido y tan cariñoso como mamá, y siempre nos dice "te quiero" y nos abraza en cualquier lugar. Nos ayuda a emocionarnos y a vivir con más intensidad nuestros pequeños logros.
Juntos son una combinación perfecta, maravillosa y admirable sin duda alguna.

Ellos son lo que soy hoy, me han enseñado a volar por encima de la tierra, a nadar entre las nubes. Ellos me han enseñado la humildad y el servicio, la disposición y la prudencia, el amor y la seguridad. Me han dado el mundo que hoy llevo en mi corazón, el que se sale de estas cuatro paredes y va más allá de mi país y sus monumentos. Me han enseñado a apreciar el agua, a apreciar los libros. Me enseñaron a caminar y a correr y a quedarme quieta. Me mostraron los caminos y el arco iris, me dejaron decidir qué seguir, qué hacer. 
No hace falta más que mirarles para verme a mi, y eso me honra, me hace sentir una de las personas más afortunadas del mundo. Nos hemos convertido en el equipo perfecto. Somos esos que luchan por la vida, por la libertad y la justicia, por el amor y la dignidad. Arriesgamos el tan apreciado tiempo para utilizarlo, utilizamos todo y más para llevar esperanza a los desesperanzados. Recorremos el desierto y sus jaimas, percibimos el olor a Sáhara de lejos. Casi no pisamos nuestra casa, porque nuestro corazón está en otros lados. Cada día nuestra faimlia crece y habla más idiomas, viste de forma diferente. Vivimos confiando, viajamos aprendiendo, disfrutamos agradeciendo. Y vivimos juntos, compartiendo cada instante, cada comida, cada recorrido, cada fotografía, cada amigo, cada motivo por el que vivimos. 

Pero sobre todo, me han enseñado el compromiso. Y voy caminando mientras ellos van dejándome atrás, sola pero acompañada, siempre conmigo. Porque juntos seguiremos luchando hasta morir, por la libertad de las personas que como nosotros un día nacieron y como nosotros un día morirán. 

Estos son mis padres, David y Elisabet y hoy hacen 20 años de matrimonio



martes, 3 de diciembre de 2013

Le veo

Cuando me despierto respiro. Me lavo la cara y siento como el agua atraviesa mis poros. Me miro al espejo, carne y hueso, pelo largo, pupilas marrones, dientes blancos. Camino sobre el suelo frío, siento escalofríos. Abro la ventana, el cielo despierta, el sol reluce y los pájaros cantan. Música, escucho música de alguien, expresa amor, su voz es dulce, suave. Leche, azúcar, cereales, saboreo lentamente y casi sin darme cuenta. Abro la puerta que huele a madera mojada. Lluvia, las escaleras y el jardín encharcados, las flores brillan, hay color en sus pétalos. Aire, congelado, palpable, blanco. Camino, los prados y la tierra desprenden vida, desprenden su propio respirar ante este amanecer. Violeta, azul, amarillo, viene la gran estrella pintando el lienzo de hoy. Los gatos se esconden, los perros aun duermen, algunas aves ya recorren el mar a vuelo lento. Ya llegan, me voy acercando paso a paso a ellos. Caminan lento, aunque algunos corren apresurados ya, a estas horas de la mañana. Los abuelos pasean, los jardineros arreglan el césped, algunos niños juegan en el parque y ríen. Abrazados, abrigados, aún algo dormidos, rostros inocentes, semblante hambriento. Se huele el primer pan del día, los pasteles desprenden un calor dulce, el café llama. Las ventanas están ahumadas a causa del rocío, aún caen gotas del cielo. Sigo caminando caminos, carreteras, hierba fresca. Le veo, está por todos lados, puedo sentirle. En el agua que me quita las legañas, el frío que hiela mi cuerpo. Junto al sol y haciendo volar a los pájaros, elevando una canción de amor, pintando las flores de rojo. La tierra mojada, las hojas del prado. Pasea con los gatos y los pequeños ratoncillos, guía a las aves hacia el sur. Le veo jugando con los niños, le huelo en el pan y siento su dulzura en los pasteles, en el calor de la leche y el café caliente. Está aquí, a mi lado, sigue mis pasos, me atiende y me observa constantemente. Esta mañana me hizo respirar, abrir los ojos y parpadear. Puedo sentirle en cualquier parte de esta tierra, constantemente veo sus cuadros y leo sus libros y escucho su música. Veo vida, veo creación, veo a Dios, mi Dios.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Os presento a Kauria, ella es mi hermana saharaui

Nos conocimos cuando teníamos siete años, ella acababa de llegar de una tierra muy lejana que está muy cerca de nosotros: el desierto del Sáhara. Venía sucia y con la ropa puesta para dos meses. El pelo bien enredado y los tenis llenos de arena. Fuimos a casa en coche y durante todo el trayecto no dejó de mirar el mar, era la primera vez que lo veía. Cuando llegamos la bañamos, le desenredamos el pelo, le quitamos la arena y la peinamos. Sus rizos eran preciosos. A partir de ese día ya nunca, jamás la olvidamos en casa.
Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos juntas. Dormíamos en la misma habitación, nos pintábamos las uñas y jugábamos en la piscina. Ella me hablaba de su colegio y yo a ella del mío, me enseñaba sus canciones y bailábamos juntas con  melfas. Me enseñó a escribir mi nombre en árabe y a decir "adiós" en hassaniyya.
Cada año venía y nos reencontrábamos con un abrazo más fuerte que el de antaño. Volvía llena de arena y con el pelo enredado, pero la ayudamos a desenredárselo y darle brillo. Un año ya no vino más, se había cumplido el plazo, tuvimos que despedirnos por mucho tiempo, por no se sabe cuánto tiempo, porque no lo sabíamos. Quizá para siempre.
Seguramente ahora estará llena de arena y con el pelo enredado, llevando a su hermana al colegio, cogiendo agua y preparando comida. Ayudando a su abuela y bailando con sus amigas de vez en cuando, cuando hay tiempo. A veces hablamos por teléfono, pero siempre se corta y no se escucha.

Ella nos dio vida, nos dio fuerza, nos dio valor. Nos enseñó a luchar por las cosas importantes, nos enseñó el valor de amar a las personas. Por ella levantamos las banderas y por ella alzamos el grito a la libertad. Por que nosotros, que lo teníamos todo, aprendimos de ella, que no tenía nada pero lo tenía todo. Ella cambió en nosotros lo que había que cambiar y nos puso en el corazón que la vida es mucho más de lo que creemos, nos ayudó a hacer lo que hoy hacemos. Nos abrió los ojos para ver como vemos hoy.

Me enseñó el servicio y la humildad, me enseñó a sonreír y a luchar.


Os presento a Kauria, ella es mi hermana saharaui y yo formo parte de su libertad.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Tumulto de gente

A veces me siento sola, como si en este tumulto de gente no hubiera nadie. Me siento lejos, muy lejos, e incluso encerrada por momentos. Me invade la necesidad de salir, de correr, de volar lejos. Esa rutina que a todo el mundo parece gustarle a mi me aburre, me cansa, me pone nerviosa.  Nadie parece impaciente, solo yo y eso me preocupa. No hay ansias, no hay novedad, no hay acción ni palabra. Lucho pero a veces me canso. Cuando salgo de aquí es como un respiro, un gran respiro que oxigena mis pulmones para los próximos meses, me levanta y mis músculos se fortalecen. Necesito más, necesito cada vez más. Nos sentamos en esa mesa redonda y entonces surge, se abren todos los corazones, la pasión vuelca nuestros vasos de agua, no paramos de escribir. Él se ve en cada gesto de nuestra cara, los platos de comida no son el centro de la conversación. La música viene y va, los acordes son más que varias notas, el estribillo se canta con los ojos cerrados. El café es una escusa, el sueño no nos quita la conversación. Nace algo, surge algo, ese algo que tanto amamos.Y luego cuando volvemos a casa, no nos sale de la cabeza, necesitamos agradecer una y otra vez a todos y cada uno por todo y por nada. Pero aquí estoy, rodeada de gente, luchando en esta batalla que de lejos apoyamos juntos. Aquí todo el mundo parece subirse a un tren y olvidarse de que somos uno, todos cogen su destino, solo suyo. Y aunque el tren se está quemando a su alrededor, aunque las ventanas se rompen, y el viento constante destroza nuestro vagón nadie se mueve. El tiempo pasa pero nadie mueve un músculo. A veces parece que caminan, pero siempre esperas la total prioridad de sus prioridades, la condición humana puede más. No hay suficiente esfuerzo, hay suficiente pereza. 
Estoy cansada, agotada, me duele la cabeza y las piernas, y por ello me siento agradecida. Cuanta más constancia lleva algo, cuanto más sacrificio y sudor lleva algo, me siento agradecida, cansada pero colmada de la misma cantidad de bien, de más cantidad de servicio y eso es un regalo. Por eso cada día al levantarme, cojo aire, respiro, doy gracias y pido fuerzas, luego, me pongo las botas para salir a ese mundo roto que necesita más amor que nunca, nuestro amor, su amor. Y cuando me canso o me siento débil, vuelo, corro allá, lejos, nos volvemos a unir todos en alma y corazón para coger fuerzas y seguir adelante, llevando esperanza.

martes, 9 de julio de 2013

Tantas y tan pocas palabras.

Es increíble. Increíble que en días pasen vidas. El grupo cada día crecía, era mayor, tenía más fuerza. Éramos todos, cada uno aportando su pincelada al cuadro. Hablando, haciendo, mirando, pensando... Grandes almuerzos, cenas y desayunos llenos de sonrisas que pude diferenciar entre trago y mordisco. Sonrisas sinceras, llenas de amor, que decían más de lo que no podía escuchar con tanto barullo. Gestos, servicio. Horas de constante trabajo que nos envolvían en la concentración y el esfuerzo. Cansancio en el cuerpo, dolores de espalda. Llegar a casa y tirarnos en aquellas mantas verdes del suelo que nos acogían para descansar. Escuchar la risa de los niños corriendo y saltando, jugando y dibujando mientras manteníamos los ojos cerrados por minutos. Noches largas y tan cortas en las que queríamos hablar y dormir a la vez para aprovechar el mayor tiempo posible. Madrugar  para empezar un nuevo y repleto día. Cruzar los pasillos cantando, bajar las escaleras saltando. Un duro trabajo trabajado con escandalosas risas de los trabajadores, nosotros. Agradecimiento, tranquilidad. Conversación, música. Y el gran día, de mañana a noche completo, arreglos, pruebas, ensayos y carreras. Atravesamos el escenario cada uno dirigiéndose a su lugar, tocando, alzando la voz, sintiendo lo que allí estaba ocurriendo, llevando esperanza. Parecía mentira pero llegó el final, el momento en el que agarrados de la mano nos unimos de nuevo para agacharnos y levantarnos mirando al cielo, nuestra inspiración. Y aun habiendo  salido ya, la gente marchándose, nosotros seguíamos ahí atrás, abrazándonos con necesidad de soltar lo que llevábamos dentro. Fotografías unos con otros, una tras otra. Anécdotas y más risas, alegría en el corazón.
El domingo nos dio los buenos días. Un gran círculo de personas sentadas, piernas cruzadas, cojines, libros, sillas. Lo mejor. Compartir. Hablar de lo que decía el corazón, de lo que rondaba la mente, de lo que sentía el cuerpo. Y llovieron lágrimas dulces de recuerdos, de paz y felicidad. Llovieron palabras y palabras que trataban de explicar, de hacer ver lo que desde muy adentro quería salir. Horas que parecen minutos. Levantados y agarrados de la mano cantando, los ojos cerrados, hombro con hombro, piel con piel. Más abrazos, de uno en uno, de todos en todos. Lágrimas, paz.
Después de todo, llega la peor parte, despedirse. Ese momento en el que tienes que abrazar a alguien por última vez en mucho tiempo, y es inevitable resistirse a llorar, porque tu interior te lo pide. Decir adiós a personas que has conocido hace dos días debería ser fácil, pero la diferencia es que has aprendido a amarlas como si la conocieras de toda la vida, y ellos a ti también, entonces es cuando se hace difícil. Difícil tener que mirar sus rostros, observar como caminan de espaldas hacia su destino, alzar la mano y despedirte de otra que te hace el mismo gesto. Leer lo que te han escrito, despegar vuestras fotografías de la pared, dormir en la habitación con camas vacías. Difícil despedirse.
Esta mañana me he despertado sola, en el silencio de esa soledad que hacía nada estaba repleta de compañía. He caminado los pasillos, he bajado las escaleras, visitado cada habitación. Todo estaba vacío. La gran mesa del comedor desprendía un recuerdo perfecto, el de cada día. Triste  sonreía por ello, por lo que en días hemos vivido. Por lo que cada uno ha aportado al corazón del otro, por las relaciones y las largas conversaciones. Por las horas sin dormir y los días de trabajo, por los almuerzos y las bienvenidas, por las bromas y las carreras. Sonreía por las oportunidades que habíamos tenido, por la vida que allí había fluido. Por recordar a cada uno, sus rasgos, sus ojos, su forma de hablar, de caminar. Por las fotografías que guardan ahora todos esos momentos, esas manos pintadas sobre papel, llenas de servicio.
Cuando hay tantas y tan pocas palabras… No puedo dar más que las gracias, por todos esos momentos. Todos y cada uno de ellos, desde el más pequeño hasta el más grande. Por todas las palabras y el tiempo que me habéis dedicado todos sin excepción, por animarme, por hacerme sentir algo más de lo que yo creía ser. Gracias por todos vosotros. Por hacer que las horas fueran como minutos, los minutos como segundos y los segundos como vidas.






lunes, 8 de abril de 2013

Burla



No lo soporto. No soporto la idea de que una persona sufra por culpa de la maldad de otras. No soporto que se rían como si no pasara nada, como si se tratara de una cosa estúpida y no de un corazón que palpita su  misma sangre. No soporto los celos y la envidia, las críticas estúpidas que no llevan a nada, las que son burla de pequeños defectos que en realidad todos tenemos. No soporto nada de eso. Pero sobre todo, no soporto ver como ese lejano personaje sufre y se decae por culpa de ello, que se hunde y su sonrisa quede tan frágil como su corazón. Ver que sus muñecas sangran, que necesite esconderse o encerrarse para olvidar. Que sus sueños se convierten en papeles rotos, esparcidos por el suelo de su vida. No comen, no duermen, no consiguen disfrutar de lo que un día pasó de ser una fantasía a ser su realidad. Y ahí estamos, nosotros, los infrágiles por lo visto, rompiendo los sueños de grandes soñadores, de valientes y trabajadores que se han esforzado por lograrlos. No lo soporto.
Soy yo, aquí sentada, pensando en todas esas vidas destrozadas a causa de los gritos desesperados de la envidia. Soy yo la que lo escucha cada día en sus risas, la que lo ve en esas viñetas infantiles por su ignorancia. Soy yo la que mira a los ojos de esas personas  y siento su dolor en mi corazón. Yo la que ha entendido que a unos nos toca algo y a otros otro algo. Yo la que escucha la dulzura de sus voces, la que ve más allá de las vestimentas y los retoques, la que ve una vida como la mía o la de cualquiera. Soy yo quien ve sus máscaras de indiferencia o sus obras teatrales de fingimiento. Al entrar en sus habitaciones dejan de interpretar y lloran. Soy yo la que entiende  que las personas no somos de acero, aquí y en Lima. Soy yo. ¡Pero no quiero ser yo! Quiero que sean todos, ellos, los de mi alrededor.  Quiero que miren más allá de lo que se ve a simple vista y traten de sentir por los que sienten dolor. No quiero ser solo yo la única que se ha dado cuenta de que todas las personas somos iguales, todas tenemos corazón, todas sentimos lo que  hacen al corazón. No quiero ser la única en ver que las lágrimas al caer al suelo se rompen como el cristal, cortándonos los pies. Que el daño se hace consciente o inconscientemente, que las palabras hay que cuidarlas. No quiero tener que soportar un día más viendo como un desconocido conocido ya no sueña ni sonríe. No quiero que lo importante de esta vida se destruya. No quiero que todo sea egoísmo y desprecio. Solo quiero un poco más de pasión por lo que somos, seres frágiles y sensibles que tratamos de vivir cada uno nuestro camino. Solo quiero que todos, juntos, nos guste o no, podamos escuchar esas dulces voces cantando por encima del griterío del mundo con fuerza.
 

martes, 2 de abril de 2013

Mi propio yo


Es como si me hubiera estado engañando a mí misma. Quizás simplemente me estaba conociendo, o descubriendo quien realmente debía ser. Puede que aun siga haciéndolo, eso es lo más seguro, pero al menos en ese campo me siento más segura.
Buscaba  lejos y más lejos cuando la respuesta la tenía en mi interior. Era yo misma en mi esencia, lo que fluía de mis manos, lo que en mi boca gritaba para salir. Era el color de mi vida pasada y lo que traía consigo. Era lo que se veía en mi mirada, lo que se escuchaba en mi corazón.
La mayoría de las personas hablan de ello como algo tonto, sin sentido y sin futuro. Algo que no vale la pena, que no sirve para servir de algo. Algo inentendible y absurdo de lo absurdo.  “Ahí no hay nada” dicen, donde hay mucho más de lo que los ojos ven. Yo no lo creo así, es más, ellos no saben lo que creen porque nunca han vivido en ello ni con ello dentro. Es algo que no se ve a simple vista, solo con los ojos del corazón se puede sentir.  Es algo que por gracia o desgracia no lleva la mayoría. De ahí el placer de encontrarte con alguien con quien compartir una conversación y descubrir que siente lo mismo que tu, a tu manera o de otra, pero lo siente.
Y ahí estaba yo preguntándome lo que ya sabía. Como si renegara mi propio yo.  Mi  creatividad,  mi música, mi soltura al escribir. La  facilidad que tengo para sentir, mi manera de percibir las cosas, mi forma de captar los momentos, mi sensibilidad para emocionarme y emocionar. Entonces me di cuenta de quién era, la del fondo que siempre guardaba silencio. El silencio de escuchar y observar. Escuché el latir de mi corazón y observé la sangre roja de pasión.  Yo era mi propia respuesta, todo lo que estaba buscando en otro lugar lo llevaba dentro, no era ciencia, era arte. Dios me lo había dado un día y yo pensaba olvidarlo según parece. Quería algo grandioso o sofisticado, pero aprendí que al final lo que perduran son los sentimientos. Todas esas vidas, los recuerdos y las palabras. El interior de cada persona, el legado del pasado que queda presente. Es la tranquilidad de coger un pincel y pintar tu dolor para sacarlo, es ese amor hecho música, ese recuerdo guardado en palabras. Sé que es complicado, incluso puede llegar a ser inentendible, pero para mí es inentendible que pueda serlo. La belleza más hermosa la encuentro en nosotros mismos, las personas, nuestro interior que es arte. Y eso si que es grandioso, más grande que nada.
Así que aquí estoy, sacando todo eso de mí. Sigo escuchando en silencio, observando más de lo que pueda parecer. Y no me importa lo que puedan pensar sobre lo tonto que es el arte. Dicen que los artistas están locos, yo creo que siempre he sido una loca silenciosa. Ahora solo me queda crecer y aprender. Pero sobre todo disfrutar y seguir apasionándome por eso a lo que llaman absurdo.


viernes, 29 de marzo de 2013

Querida Séfora


Solo te he hecho este regalo para que sepas que no me olvido de ti y para que tú tampoco me olvides a mí. Para que cuando lo veas recuerdes cuanto te quiero y cuanto has significado y significas para mí.
Empecemos desde el principio, cuando solo era una niña, o incluso un bebé. Tú estabas ahí. Cuando fui creciendo y soplaba las velas contigo a mi lado. Cuando siempre me regalabas collares y pendientes. Cuando me pintabas las uñas y me maquillabas de un rosa cantoso. Cuando hiciste que diseñaran un vestido para mí, color amarillo. Cuando ese mismo día me regalaste una cadena que todavía recuerdo. Cuando te  acompañé a vestirte  antes de el gran día. El gran día de tu boda, caminando delante de ti y llevando los anillos.  Las tardes de peluquería. Cuando empezaron a gustarme los chicos.  Las horas que tuviste que soportarme emocionada, mientras  yo te contaba  las cosas porque quería dar los mayores detalles posibles. Las horas delante del espejo decidiendo qué me ponía para el día de la graduación, que por cierto, llevé tus zapatos. Cuando empecé el instituto y nos enamoramos de esa saga de vampiros. Las noches de  cenar pizza, pintarnos las uñas, hacer tonterías,  sacarnos fotos y sobre todo hablar. Siempre prestándonos ropa, zapatos y bolsos. Las tardes en tiendas rebuscando ropa entre las montañas de desorden. El helado del paseo, las veces que nos montamos en las atracciones y chillábamos estalladas de la risa. Cuando íbamos a comprar la comida para el día siguiente, que era fiesta. Cuando me acompañaste al médico. Leyendo las conversaciones con mis amigos y explorando soluciones. Los secretos que nadie sabrá jamás. Mis llantos de emoción cuando dijiste “estoy embarazada”. Las ecografías y su nuevo cuarto. El nacimiento de tu primer hijo. Y luego teníamos que esperar a que se durmiera para poder tener esas noches de cine. Cuando íbamos a hacer la compra. Las canciones que me ayudaste a cantar. Los veranos en la playa hasta las tantas de la tarde y luego la cena en tu casa. Los días de piscina. Mis nuevos biquinis diseñados de tus recortes. Las excursiones familiares. Cuando querías maquillarme para probar cosas nuevas. Decidirnos para ir al cine. Cuando me enamoré por primera vez. Los dos años de espera llenos de problemas,  intentando buscar una buena respuesta para ciertos mensajes. Llenos  de intensas emociones contándote el progreso e indagando en él. El día que te lo encontraste y luego me llamaste emocionada chillando, jamás lo olvidaré. El momento en el qué todo se hizo realidad, mi primer novio. Te llamé chillando y aunque no entendías nada de lo que te decía por lo alterada que estaba tú también chillaste conmigo y esperaste a que me desahogara para preguntarme todo, cada detalle. El día que entramos por tu puerta y ambas sonreímos al mirarnos. Algún que otro día que me ibas a buscar al instituto y almorzábamos juntas. Los días que íbamos juntas al parque con el pequeño y para variar aprovechábamos y así hablar. Las conversaciones sobre bodas y quien me acompañaría a comprar el vestido. Más llantos cuando recibí la noticia de que de nuevo estabas embarazada. El crecimiento de tu barriga hasta casi estallar. Cuando me dijiste que era una de tus mejores amigas mientras íbamos en coche hacia tu casa, ese momento que jamás olvidaré.

Momentos, sentimientos, sonrisas, emociones, amor, vida. Me has dado tantas cosas desde que nací. Tantas maravillas. Me has dado tu amor y tu amistad. Eres mi hermana, significas algo que no sé muy bien cómo explicar. Lo que siento por ti es una mezcla de miles de cosas: familiaridad, amistad, hermandad, amor, confianza, fidelidad…  Eres una de las personas más importantes de mi vida, porque siempre lo has sido. Porque una de las causas por las que he llegado hasta aquí tal y como soy es por ti. Por todo el tiempo que hemos pasado juntas desde que era una niña, desde que llevaba moñitos hasta que me salieron granos. Desde que empecé a caminar hasta que me enamoré.  Ha sido toda una vida a tu lado siendo mucho más que tía y sobrina. Has sido mi consejera, mi alegría, mi llanto, mi sonrisa, mi ánimo, mi diario y mi amiga. Y no quiero que eso acabe nunca, nunca jamás. Sé que aún nos miramos y no hace falta hablar y sé que podemos contarnos cualquier cosa sin problema, pero quiero volver a vivir todos esos momentos contigo, vivirlos hasta que sea imposible. Quiero recordar nuestra relación como algo precioso e irrepetible. Y cuando estamos lejos, te sigo sintiendo, siento que estamos juntas. Y siento la necesidad de verte, de escucharte, de pasar tiempo contigo. De mandarte mensajes o llamarte de vez en cuando para escucharte. Hay algo que está en nosotras, algo que nació en aquel entonces y que no debe morir nunca.
Quiero que nuestra relación siga creciendo siempre. Porque yo siempre seré tu Tirsa, y tú, mi Séfora. Por mucho que crezcamos, siempre seremos nosotras.


jueves, 21 de marzo de 2013

Bonito amor


Qué bonito es el amor. Y sí, he de decirlo porque es verdad. Una verdad que cada día tiene menos importancia y más estupidez. Es bonito porque es real claro, si no no tiene sentido. Qué bonito es enamorarse y ver que quien te mira lo hace enamorado. Qué bonito es amar y ser amado, más que nada cuando amar es pasión y ser amado un privilegio. Privilegio de sentir, de vivir, de cantar y reír. Qué bonito es el amor cuando el detalle aparece un día cualquiera en una hora cualquiera de un lugar cualquiera. Qué bonita la mirada que aparece en el rostro de cada amante al encontrarse. Encontrarse y abrazarse, ese abrazo familiar. Qué bonitas las cartas, las palabras y las promesas que se palpan de un futuro juntos en el que caminar. Qué bonita la esperanza de una eternidad que por eterna llegará. Bonito el beso que no se espera de un beso que lo desea. Bonitas las flores que huelen a amor, bonito el olor del puro corazón. Las caricias así tal cual, en una mejilla o la otra, son el roce del cariño. Bonita la seriedad y el consejo del duro invierno bajo un duro sol. Bonita la confianza que confía en que confiar es lo mejor. Bonitas verdades que nunca mienten, que son verdades verdaderas. Bonito el amor que siempre quiere pues en su querer querrá quedarse. Bonito el amor que ilusiona, madura y tiene arrugas, porque es, fue y será. Bonita cada parte del amor, cada detalle del momento del amor. Bonito amor que se apellida perdón, porque el perdón acompañará al amor. Bonitas lágrimas y bonito esfuerzo el que lucha por un gran amor. Bonito amor porque es querer, porque es amor y es amar. Bonita mirada resplandeciente, lágrimas de cristal que inundan el corazón del amor, el que ama, enamorado: El amor.